Ibn Hazm nació en Córdoba en el año 994, cuando la ciudad era la capital del califato y una de las más refinadas del mundo. Hacia 1022, ya lejos de ella, escribió «El collar de la paloma», un pequeño libro sobre el amor y los amantes que todavía hoy sorprende por su franqueza.
Un tratado sin sermones
Lo que más llama la atención del libro es su tono. Ibn Hazm no condena ni idealiza: observa. Describe las señales del deseo, las miradas que se buscan y se esquivan, la complicidad de los gestos y el valor de la discreción. Habla del amor que nace de una sola mirada y del que necesita tiempo. De la fidelidad, pero también de la curiosidad.
Para él, amar es una forma de conocimiento. Y como todo conocimiento, exige atención, respeto por el otro y una cierta elegancia en las formas.
La Córdoba de Wallada
En esa misma Córdoba vivió Wallada, princesa omeya y poeta, que abrió un salón literario al que acudían escritores y artistas. Se cuenta que llevaba bordados en su vestido unos versos en los que proclamaba su libertad para elegir a quién amar. Su historia con el poeta Ibn Zaydún es uno de los grandes relatos amorosos de al-Ándalus.
Wallada representa algo que la ciudad nunca ha olvidado del todo: el placer como parte de una vida culta, y la libertad de las mujeres para decidir sobre su propio deseo.
Mil años después
No hace falta forzar las comparaciones. Pero cuando en Tándem decimos que el sexo con educación y respeto no tiene límites, hablamos de algo que Ibn Hazm habría entendido: que el deseo vivido con atención, consentimiento y buenas maneras es una de las formas más altas de libertad.
Si visitáis Córdoba, buscad la estatua de Ibn Hazm junto a la Puerta de Sevilla, en el barrio de San Basilio. Y si os apetece seguir la conversación, ya sabéis dónde encontrarnos.
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